Posted by Sentido on Jul 31, '07 8:40 AM for everyone

Hice mi fortuna a costa de Matt Groening, vendiendo libros de los Simpson. Recuerdo especialmente aquella pérfida y perversa “Guía para la vida”, escrita por Bart Simpson (con la colaboración de Matt). Muchos papás de ‘niños bien’ del Anglo Colombiano, incluyendo a la futura Primera Dama, Tutina de Santos, aún me guardan amargo rencor por los supuestos estragos que causaría en sus hijos la lectura de la filosofía Simpson. Siempre he creído que mirarse en el espejo tras una noche de farra y licor resulta aterrador e indeseable. 

 

Más promocionada que la revelación de las ‘razones de Estado’ de Uribe para soltar a Granda y a 200 forajidos más, la película Los Simpson finalmente se estrena hoy. Con seguridad muchas de las sillas de los cines de Bogotá estarán ocupadas por esos niños y, de golpe, por algunos de sus papás. Han pasado 11 años desde entonces y todo parecería indicar que el libro fue a parar finalmente a las manos de los papás de los niños, pues algunos de ellos, como el esposo de Tutina, han aplicado al pie de la letra lo que sus hijos leían más bien con gracia. Es que a veces los hijos entienden mejor que los papás. 

 

Acostumbrados a repetir frases recurrentes como aquella de que “Colombia es un país lleno de ‘gente de bien’, aunque con algunos bandidos”, no vacilo en afirmar que esa ‘gente de bien’ decimos una cosa, pensamos otra y hacemos otra bien distinta a las anteriores. Si no fuera así, existiría un consenso real y unánime contra la delincuencia organizada, hoy mal llamada paramilitarismo, parapolitiquería, narcotráfico, secuestradores, piratería, guerrilleo, boleteo, traqueteo, contrabandeo y otros males menores que, por cierto, dan más cárcel que cualquiera de los anteriores. Pero la sociedad pareciera dividirse ahora entre los que apoyan tácitamente a los paramilitares y los que admiran el ‘heroísmo’ de la guerrilla. Y mientras tanto esas dos bandas de narcotraficantes, en asocio con otros malhechores, incluidos ‘señores bien’ de cuello blanco, acaban con lo que queda de país.

 

Estos son nuestros verdaderos narquetipos sociales, en un país mafioso donde su gobernante se atreve a arremeter contra la Corte Suprema de Justicia para salvar el pellejo. El propio pellejo y el de un proceso fallido que arrancó con pié izquierdo, al querer otorgarle a los sanguinarios y psicópatas miembros de las autodefensas, el estatus de próceres políticos, cuando en realidad constituyen una amorfa agrupación de matones y facinerosos sin escrúpulos. Camino correcto podría ser más bien el de retirarles a los guerrillos su calidad de ‘luchadores políticos’, que de hecho ya la perdieron hace mucho. Pero el señor presidente insiste en buscarles redención a toda costa a los señores motosierristas, y de carambola a sus amigos parapolitiqueros.

 

Ante sentencias o fallos de la Corte como el reciente contra la aplicación de la sedición a los paras por imposibilidad jurídica, es usual y políticamente correcto escucharle a los gobernantes la frase de “no lo comparto, pero lo acato”. Ante la hiperactividad del presidente para contrarrestar el pronunciamiento de la Corte, a muchos nos late que hay de por medio compromisos de espalda al país y mucho, pero mucho rabo de paja a punto de arder.

 

Resulta increíble la coexistencia de mundos tan lejanos en una misma nación. Un pueblo víctima que trata de expresar su dolor y su inconformidad hablando ante el Congreso, sembrando simbólicamente la plaza de Bolívar, recorriendo duras carreteras hasta la capital, o a pié por la libertad de un hijo o en una caravana de protesta por el abandono de las comunidades indígenas; mientras, presenciamos a un Presidente que clama por los derechos de los asesinos y de los corruptos, a unos parlamentarios corruptos que abandonan la plenaria para no escuchar de boca de las víctimas los horrores cometidos por esos asesinos y una Corte que debe soportar la arremetida del Ejecutivo, ante su valeroso acto de desarmar la coartada gubernamental con la que se busca absolver a asesinos y a corruptos mediante un ‘proceso de paz’ que nadie estaba pidiendo y que solo traerá más impunidad e injusticia. ¿Cuál reparación?

 

El resto de la gente estaremos contentos viendo Los Simpson, sin pensar mucho en que la doble moral social que tanto critica Groening a los norteamericanos es la misma que campeonamente practicamos los colombianos. Con el perdón de Tutina y de Juan Manuel, 'infant terrible', que en muchas cosas nos recuerda a Bart.

 

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macaya2 wrote on Aug 1, '07
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